Tuesday, 8 January 2013

Lowith on Weber – A Review of Karl Lowith’s Max Weber and Karl Marx


Lowith relativises Weber’s notion of scientific objectivity in an effort to hide the obvious inconsistencies in it. But by so doing he destroys, occludes or obfuscates the central insight in Weber’s “negative” approach to scientific “objectivity” and to the Rationalisierung. Far from being a ‘relativist’ notion in a hermeneutic sense, which is what Lowith argues [science questioning its own pre-suppositions and avoiding “absolute values or ultimate ends”], Weber’s ‘Objektivitat’ arises from the very fact that there is conflict between different “values”: this conflict allows and indeed constitutes the “free-dom”, the “room to manoeuvre” [Ellenbongsraum] that drives the Rationalisierung. Therefore, it is not the Rationalisierung that constitutes “the iron cage of modern industrial labor”. This last phrase contains a sunjective genitive: it is “the iron cage” of need-necessities that pro-duces “modern industrial labour” – the Arbeit of Classical German Idealism and Classical Political Economy! Hence, “modern industrial labour” is pro-duced by “the iron cage” of need-necessities, by this “free-dom” of conflicting needs. Weber never said that “the iron cage” is the very regimentation of the Arbeit!

Lowith misses the “conflictual drives” that turn “the mantle” into “the cage” and confuses thus the process of Rationalisierung - its results and institutional and political outcomes that appear to be “rational” from a logico-scientific viewpoint - with its “cause”, which is instead to be found in that very conflictual “free-dom” that Weber says is “irrational” that the capitalist “Kalkulation” or “Akkumulation” has made entirely consistent with the “rationality” of the Rationalisierung. Lowith is left then with a dilemma that he attributes to Weber and Marx instead: - that is, the reconciliation of the “rational process” of the Rationalisierung under capitalism, on one side, and its “irrational” end-goal of infinite accumulation, on the other.

La medida implícita con respecto a la cual es interpretada
la irracionalidad de lo racionalizado (Ensayos sobre sociología de
la rehg ión, 1, pp. 35 y ss., 54, 62), es, tanto para Marx como
para Weber, la presuposición de que el fin originario y autónomo,
el fin último de todas las administraciones humanas no
son ellas, sino el hombre, para el cual todo lo demás es «medio»
para «sus» fines. Por ejemplo, la concepción económica del
estrato burgués de la sociedad, en sus orígenes aún religiosa,
esto es, motivada por necesidades determinadas del hombre,
se vuelve «irracional» no a través de que se transforme en una
economía profana por medio del vaciamiento de sus contenidos
religiosos, de modo que lo que primero era un medio indirecto
para fines religiosos ahora sirve a otros fines, profanos;
sino sólo a partir de que la forma de la economía se autonomiza
tanto que ésta —a pesar de toda racionalidad externa— no tiene
ya ninguna relación clara con las necesidades de los hombres,
como tales. Entonces el sobre-poder y propio poder de las relaciones
de vida, devenidas en relaciones de cosas autonomizadas,
es lo que es —o sea, «irracional», bajo la precondición
de que lo «racional» sea la autonomía y el propio poder del
hombre —ya sea que su humanidad sea determinada, como
Marx, en el horizonte de su existencia social o medida, como
hace Weber, respecto a la individualidad de su autoresponsabilidad. (Pp.64-5)

But there is no such dilemma in Weber, because he never believed in “rationality” in a substantive or teleological sense, in the way that Marx almost certainly did. Indeed, this is the real and true meaning of that “disenchantment of the world”, that “dis-illusion”, that eclipse of ultimate values or “twilight of the idols”, that Weber attributes to the rise of capitalism, rationalization and science! As a corollary we may add that Weber as well as Marx were wrong on this question: - the first for his belief in “instrumental or purposive rationality” of capitalism [the Kalkulation] and the latter for his judgement based on “substantive rationality” - the change from use value or C-M-C to exchange value M-C-M’].

La forma propia de la realidad que nos rodea, en la cual estamos
posicionados, fue establecida como el tema originario y completo
de las investigaciones de Weber. Como el motivo último de sus
disquisiciones «científicas» se revela la tendencia hacia lo terreno.
La problemática específica de nuestra realidad, por su parte,
es resumida por él bajo el rótulo de «racionalidad». Sin embargo,
en aparente contradicción con lo dicho hasta aquí, Weber
intentó hacer comprensible el proceso general de la racionalización
de nuestra completa vida, porque la racionalidad que
surge de él es algo especificamente irracional e incomprensible.
Así, por ejemplo, la adquisición de dinero con el fin de mantener
una vida económicamente segura parece racional y entendible,
pero, en contraposición, la adquisición de dinero específicamente
racionalizada, con el fin de la adquisición misma —«pensada
así como puro fin en sí»—, es específicamente irracional. Ese
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hecho, tan elemental como decisivo, esto es, que precisamente
cada racionalización radical, con la necesidad del destino, cree
irracionalidades,…

What is “irrational and incomprehensible” is not the process and substance of the Rationalisierung or of the Akkumulation, but rather the conflict or “free-dom” that gives rise to it, the “need-necessities” (“the necessity of destiny” – how is this for “transcendence” in Weber?) that pro-duce “the iron cage”. The “iron cage” in fact is not for Weber a social order opposed to individual freedom – which is what Lowith mistakes it to be - but rather the very objectification of this “freedom of the will” understood in the sense of the negatives Denken from Schelling to Heidegger. Much to his merit, Lowith was among the first to identify this novel, negative approach to “free-dom” (unsurprisingly, given his philosophical background in the tradition of Schelling and Heidegger). But then he fails to apply this consistently to Weber’s entire oeuvre.


What neither Weber nor Marx see is that the process of accumulation is neither “irrational” nor “rational” but is rather a “political project” [Weber’s Kalkulation made possible by the rigid discipline of the factory] of command over living labour through the process of valorization and realization of capital [Marx’s Akkumulation]. (Cf. Nietzsche’s much more useful contrast of “rational man” and “intuitive man” in ‘Uber Wahrheit und Luge’ based on the former’s need for “safety and certainty” leading to the theorization of [scientific] “necessity”. On this see also M.Montinari’s Nietzsche, pp.34-5:
La formulación esencial del problema que preocupa a Nietzsche en los
primeros años de Basilea, se encuentra en la conferencia que pronunció el
1º de febrero de 1870 sobre el tema Sócrates y la tragedia, uno de los
numerosos trabajos que preceden la publicación de El origen de la
tragedia. Al describir la figura de Sócrates como “heraldo de la ciencia”,
Nietzsche dice: “la ciencia y el arte, sin embargo, se excluyen”. La
identificación del socratismo con la ciencia del siglo XIX es, por lo menos,
[35] tan “antihistórica” y arbitraria como la fe de Nietzsche en el “renacimiento”
de la tragedia clásica por obra de Wagner. Pero esa afirmación encierra el
desarrollo ulterior del pensamiento de Nietzsche y podría figurar como
lema de su llamado período positivista. Efectivamente, el postulado de que
la ciencia y el arte se excluyen alternativamente, vale tanto para el
Nietzsche wagneriano como para el Nietzsche “espíritu libre”: sólo las
consecuencias son opuestas. La desvalorización de la racionalidad
“socrática” contrapuesta tanto a la intuición apolínea como al éxtasis
dionisíaco, alcanza su punto culminante en El origen de tragedia.)

Both Marx and Weber – and here Lowith has a point, one of the most important points in his work! – start from an idealistic, ontogenetic vision of “man” that neglects the inter-subjectivity of being human.

Sólo porque, en última instancia,
es sobre el hombre como tal donde tiene efectos y se revela
la problemática del orden social y económico burgués
capitalista, el «capitalismo» mismo también puede ser entendido
en su significado fundamental y ser objeto de una pregunta
social-filosofica. Si necesariamente el tipo de humanidad
se revela en la forma de las relaciones de vida sociales y económicas,
entonces un análisis temático más o menos particular,
32 .3.3
tanto de la «economía y la sociedad» capitalista como del
«proceso de producción» capitalista., contendrá en sí, como
hilo rector explícito o no, una mirada específica de ese hombre
económico que es asi’ y no de otro modo; mientras que, como
análisis crítico de la economía y de la sociedad humanas se
orientará, a la vez, por una idea del hombre diferente de lo factual.
Si las investigaciones «sociológicas» de Weber y Marx
deben ser entendidas en su significado principi'a l y radical, entonces
serán remontadas a esa idea del hombre en última instancia.
«Ser radical es tomar la cosa de raíz. La raíz para el
hombre es el hombre mismo» (Marx, Introducción a la crítica de
la filosofía del derecho de Hegel). (Lowith, pp.31-2)

The problem is that Lowith happens to share this erroneous view of being human: there is no “hombre mismo” that can form the basis of a “critique” of capitalism; rather, the critique must start, not from the early Marxian notion of “self-alienation” (most notably in the Paris Manuscripts), but from the inability of capitalism to satisfy the very needs that led to its rise, which is the proper focus of Marx in the Grundrisse. These “needs”, then, are entirely and immanently historical, and not “social-philosophical” as Lowith contends. The philosophisch approach to social “science” (Wissenschaft) belongs more appropriately to Weber and not (at least self-avowedly) to Marx, who preferred to talk of “critique” (and not in a Kantian antinomic sense, [pace Sohn-Rethel and Habermas!], but instead in a Hegelian-dialectical dimension, as Lukacs has correctly established – but see also Colletti in Ideologia e Societa’). It is wrong for Lowith then to seek to homologate Weber’s and Marx’s approaches to capitalism and “social science” in this regard, and then, quite incredibly, even to champion Weber’s abstract-formal categorization of capitalism as the apex of the “Kalkulation”, of the Rationalisierung, as a “historical-earthly” approach – a Wirklichkeitswissenschaft, to quote Hans Freyer (to whom Lowith refers) - to be contrasted with Marx’s “teleo-logical” one!

La liberalidad científica de Weber se
exterioriza también aquí como un no-estar-atrapado en prejuicios
trascendentes. A esos prejuicios, «trascendentes» en un
sentido amplio, que cruzan el sobrio día a día de un mundo
desencantado, pertenece también la creencia —compartida
por el marxismo— en el «desarrollo» y el «progreso» objetivos
(D.C., pp. 203 y ss.). Ésta se postula como necesaria «cuando
surge la necesidad» de otorgar «al acontecer del destino de la
humanidad, religiosamente vaciado, un "sentido" terrenal y no
obstante objetivo» (D.C., p. 33, nota 2, la cursiva es nuestra.
Compárese con pp. 56, 61 y ss.). Según Weber, sin embargo,
esta necesidad es una inconsecuencia frente a lo terreno. En
su «luz» se pone ahora la «realidad», y el hilo conductor para
la interpretación de ese mundo vuelto sobrio es el proceso de
racionalización, a través del cual él se desencantó y se opacó.
La medida con la cual Weber juzga este hecho histórico de la
racionalización es su aparente contraposición, esto es, la libertad
del individuo puesto sobre sí y responsable de sí, la liber
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tad del «héroe humano» en relación con el sobre-poder de los
«órdenes », «administraciones », « empresas », « organizaciones
» e «instituciones» de la vida moderna,29 que funcionan a
través de la racionalización. Esta tesis se debe desarrollar
más por medio del análisis del sentido originario y abarcador
de la «racionalización» que es; a su vez, el concepto contrapuesto
a la interpretación marxista del mismo fenómeno, bajo
el hilo conductor de la alienación de sí.


Lowith therefore also misapprehends Weber’s undeniable atavism for the “value-neutrality” [Wert-freiheit] of science - even for the possibility of “science” as a “value-free” instrument [Objektivitat], which is something that Lowith understates and seeks to minimize, preferring instead to stick to a presumed “relativism” in Weber’s approach to “science”. And it is for this very reason that Lowith misinterprets the Weberian notion of Rationalisierung by finding “an apparent contrast” between “the freedom of the human hero” and the “overwhelming power of [social institutions]”. In actual fact, there is no such “apparent contrast” in Weber precisely because he identifies “free-dom” with the antagonistic assertion of “individual self-interest” which then results “scientifically” in the adoption of equally “scientific” means to the “stated aims” of individuals – aims that become “stated” through the “free play” of conflicting “market forces”.

La última presuposición de las definiciones
«individualistas» de Weber de las así llamadas «formaciones
» sociales es, empero, que solamente el «individuo» es hoy
de forma verosímil, real y con derecho a la existencia, es decir,
sólo es real el hombre singular puesto sobre sí, ya que a las
objetividades de cualquier tipo, como consecuencia de su desencantamiento
(a través de la racionalización), no puede
otorgárseles ya un significado autónomo. Si el Estado fuera, en
oposición, realmente todavía una «res pública» y el hombre como
tal un miembro de la ciudad y del Estado y no en primera
línea una persona privada sólo responsable por sí, entonces sí
tendría sentido interpretar también al Estado mismo sustancial
y «universalmente», y no basándonos en las oportunidades
de su «existencia». (P.53)

And yet we know very well that for Weber it was possible – indeed essential! – to attribute an “autonomous” rationality precisely to that “scientific” relation  between “available means” and “stated aims”! In an ab-solutist world only apparently without conflict, such as the one that preceded market capitalism, science would be impossible or suppressed because there would be no “alternative uses” for it, no “choice” [which is the aim of the Katheder-Sozialismus – scientific socialism!]; it would be impossible to see the “meaning” of science as the “measurement of the rationality of means for the pursuit of stated aims or ends or values” given that these aims, ends or values would not be “stated” in a “free” manner – that is, conflictually.  And in such a world without conflict the Rationalisierung would be ab-solute, without limits, because it would have hypothetically eliminated by force the “conflict” between “individuals” that market capitalism allows.

This does not mean that “the laws of science” are inapplicable in a feudal state, for example. Yet, because science is absolutely meaningless except as human activity, once that “activity” (Wirk-lichkeit, actu-ality) is denied, there is precious little that “science” can represent! By opening up “com-petition”, Weber contends, capitalist society becomes both “scientific” and “rationalized” at the same time because goals can be “stated” and means can be chosen “freely” and therefore “rationally” and “scientifically”! Science and rationality are confiscated, as it were, they are rendered im-possible or in-effectual precisely by those political regimes that pretend to rationalize even “choice” and thus eliminate conflict!

Tanto los opositores como los partidarios de la bifurcación
entre conocimiento y valoración malentienden el motivo
central que porta en Weber la diferencia, esto es: la comprensión
de que nosotros vivimos hoy en un mundo que está cosificado
a través de la técnica científica y que, por otro lado, la racionalidad
objetivada de la ciencia nos ha liberado de la
sujeción a normas de tipo moral y religioso, válidas universalmente.
La ciencia es, por la fuerza de su progreso continuo, un
poder que destroza la autoridad de la tradición. Nuestras valoraciones
últimas no pueden, por eso, ni apoyarse sobre la tradición
ni fundamentarse científicamente; son, para bien o para
mal, cuestión de la decisión personal. (p.163)

Once again, Lowith fails to explain how and why “we live today in a world reified by scientific technique”! Had he tried to answer this, he would have understood that it is indeed not “the objectified rationality of science [that] has freed us from moral and religious norms”, nor is it “science as a power that destroys the authority of tradition by the force of its continuous progress”. Instead, it is those forces (the need-necessities) that destroy both the force of tradition as well as moral and religious values that have led to a specific political practice that we now call “science”!

Of course, Lowith is quite right to insist with Weber that

Empero, sí se puede
discutir científicamente con un marxista que postula la tesis
de que determinadas relaciones sociales y económicas condicionan
también el surgimiento de religiones, así como, inversamente,
Weber ha mostrado que determinadas convicciones
y expectativas religiosas pueden contribuir a determinar la
forma de ordenar la economía. (p.162)

But here once again it is the “instincts for freedom” that seem more central to that kind of “interdependence” that Weber himself highlighted genially and that does not escape Lowith’s beady eye:

La racionalización no significa entonces
un creciente conocimiento general de las condiciones
de vida, sino el saber o la creencia de que si sólo se quisiera se
podría saber en cualquier momento; porque en principio no
hay poderes secretos e incalculables que pudieran entrometerse.
Más aún, significa que en principio todas las cosas se
pueden controlar a través del cálculo. El lema de la ciencia de la
temprana modernidad es la frase de Bacon: saber es poder.
La racionalización científica, más precisamente el actuar racional
de acuerdo con fines, significa, empero, el desencantamiento
del mundo. (p.158)

Quite right! The exakte Kalkulation! That is the arcanum imperii! But there is no contra-diction or antinomy or opposition between “free-dom”, rational action and “the disenchantment [Ent-zauberung] of the world”! Weber’s notion of the Problematik der Sozialismus consists precisely in this: socialism is not a “problem” for capitalism; rather, it is the other way around! Capitalism is “the” problem for Socialism because it shows that the only way to act “rationally” is by allowing the “free-dom” of social conflict over need-necessities, which is what Socialism wishes to eliminate! For Weber, the “problematic of socialism” is the impossibility of reconciling choice and rationality, freedom and science, except from the choices and free-dom of in-dividuals! This is the “truth” of Weber’s methodological individualism. In this exact respect, market capitalism represents for him the apex of human free-dom and scientific rationality.

(This also is the entire tenor of Schumpeter’s approach to “socialism” in C,S and D. Cf. here Schumpeter’s high regard for Walras as the greatest economist for precisely this Machian reason: - the price mechanism maximizes the satisfaction of individual human needs – human needs taken from the point of view of atomized human beings! - at equilibrium [TGE, p.79]:
The whole of pure economics rests with Walras on the two
conditions that every economic unit [each individual] wants to maximize utility and
that demand for every good equals supply. All his theorems follow
from· these two assumptions….. Whoever knows the origin and the workings of
the exact natural sciences knows also that their great achievements
are, in method and essence, of the same kind as Walras'. To find
exact forms for the phenomena whose interdependence is given us
by experience, to reduce these forms to, and derive them from, each
other: this is what the physicists do, and this is what Walras did.)

If the Law of Value is given an objective quantitative form, as every “socialist” wishes ardently to do, then there will be no space for that “subjective Law of Value” that is the common basis of both the negatives Denken and neoclassical economics! Without the social conflict of the latter springing from individual need-necessities and related “choices”, no proper “science” is possible without the last vestige of “free-dom” (market freedom) evaporating. For Weber, market free-dom begins precisely with the expropriation of workers from the means of production, with the Trennung. Then it continues with the discipline of the factory, on which “the exact calculation” of profit is based.

Lowith completely fails to see this point – whence comes his inability to comprehend what he misconstrues as “the antinomy of Weber’s political science” between his “opposition” to the Rationalisierung – as “irrational” and “illiberal” – and his staunch defence of it against the idealistic liberal literati! In fact there is no antinomy or contradiction because there is no “opposition between freedom and Rationalisierung” – because Weber sees the Rationalisierung as the outcome of the very conflict of interests, the “free-dom”, that market capitalism erects to the centre of social life, to its fulcrum, and not as the source of such conflict between “individual freedom” and “social order”, between “soul” and “forms”, between “spirit” and “iron cage”.

La antinomia de la ciencia política de Weber consiste, básicamente,
en que justo la inclusión ineludible en el carácter de
empresa racional de todas las administraciones modernas se
vuelve el lugar del posible ser sí mismo, y la carcasa de «servidumbre
» el único espacio de juego de aquella «libertad de
movimiento» que buscaba Weber, como hombre y político. Él
negó a todas las administraciones actuales aquel sustancial
valor propio, pero las afirmó, sin embargo, como el medio dado
para un fin libre de ser elegido. Por otro lado, precisamente
la comprensión de la subjetividad de nuestra postulación
última del fin y del valor y de nuestras decisiones debía garantizar
la objetividad y austeridad del pensamiento científico
y del hacer político. Como consecuencia de ello, la posición
de Weber se volvió una firme oposición y una defensa única
del individuo autónomo, en medio de y contra la creciente dependencia
del mundo político y económico. Todas las diferencias
rigurosas que trazó en la teoría de la ciencia y en la conducta
práctica, la separación entre cosa y persona,
conocimiento objetivo y valoración subjetiva, funcionariado y
elite, ética de la responsabilidad y ética de la convicción, surgen
de la una y fundamental oposición entre libertad y racionalización….(P.64)

In this single paragraph is encapsulated Lowith’s greatest insight in this work – namely, that Weber understands that “the iron cage is the only space of play of that ‘room to manoeuvre’ [or “elbow room”, Weber’s Ellenbongsraum] that Weber sought as a political man”. And yet this paragraph contains also Lowith’s greatest failure in this work: - his failure to see that in Weber there is absolutely no opposition (Gegen-satz) between “free-dom” (as we have defined it here) and the Rationalisierung! Quite to the contrary: it is “free-dom” that drives (remember the Nietzschean-Freudian “drives” or Triebe) the process of Rationalisierung that culminates in the capitalist Kalkulation! This is so even though Lowith himself comes to admit that Weber’s “relativism” was based on “objective” scientific observations:

Weber renuncia
a comparar el valor de culturas diferentes de modo
comparativo-distintivo, como ya en el «prefacio» a los Ensayos
sobre sociología de la religión aclaró, lacónico. El motivo para esa
reserva no reside empero en el relativismo de la conciencia
histórica, sino en que Weber llega a la comprensión filosófica
[p.163] de que, frente al «andar de los destinos humanos», se haría
bien en guardar para sí sus «pequeños comentarios personales
», «como se hace también al mirar el mar y la montaña». Eso
vale también para el destino de la racionalización del mundo
por la ciencia, al que Weber ni afirma ciegamente, ni niega como
alienación. (Pp.163-4)

It is Lowith’s failure to understand this difficult but pivotal point that leaves him beset with doubts and interrogatives about the Weberian scientific and personal quest:

 Nos preguntamos entonces:
¿Por qué no lucha él [Weber], como Marx, contra esa «autoalienación
» universal del hombre? ¿Por qué no caracteriza él al
«mismo» fenómeno, como Marx, como un «materialismo depravado
» de la enajenación de sí, sino que se conforma con
designarlo con el concepto científicamente neutro y doble en
su posible valoración de la «racionalidad» (doble porque expresa,
a la vez, los resultados específicos del mundo moderno
y lo completamente cuestionable de esos resultados)? ¿No
afirma y niega Weber, en un continuo, ese proceso de la racionalización,
análogo al destino?41 ¿Por qué cuestiona, de la forma más
aguda, con toda la pasión de su personalidad, aquel «orden»
planificado, la «seguridad» y la «especialización» de la vida
moderna en todas sus instituciones políticas, sociales, económicas
y científicas, y se reconoce,' no obstante, desde la primera
oración de los Ensayod dobre dociología de la religión hasta
su última conferencia —La ciencia como vocaciónn—— como «hijo de
su tiempo», como «especialista» y científico? (P.66)



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